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Todos somos parte importante dentro del mundo en el que vivimos y la sociedad, cultura y país al que pertenecemos por azares del destino marcan de alguna manera los caminos que tomamos a lo largo de nuestra vida.

Por suerte o por desgracia, habría que debatirlo, a mí me ha tocado desarrollar mi vida en uno de los países considerados del primer mundo; lo que no significa que desconozca las necesidades y problemática de los países menos desarrollados que en mayor o menor medida, son consecuencia de poderes económicos y políticas que llevan a cabo los gobiernos sin pensar en beneficiar a la mayoría de su población sino interesados en tenerlos sometidos como máquinas de producir dinero y recursos para beneficio propio.

Es por ello que yo decidí tomar partido y aportar mi granito de arena en este entramado mundo y ahora mismo pertenezco al programa de 12 meses como voluntaria en CICD con el objetivo de ir a África para contibuir a paliar las consecuencias de esas políticas mal gestionadas.

Dentro de las muchas oportunidades que tenemos dentro del programa, una de ellas fue viajar a Marruecos una semana. Fue un viaje de investigación y estudio sobre su historia, política, estilos de vida, costumbres, derechos de la mujer, etc. del mundo árabe, en general ,y de la poblacion bereber ,en particular.
Tengo que decir que fue un viaje alucinante y ha sido como retroceder en el tiempo y vivir en primera persona como era la vida en los países considerados del primer mundo no hace mucho tiempo atrás.

Morocco fantastic sky

Morocco fantastic sky

The incredible dessert

The incredible dessert

Marocco streets

Marocco streets

Su gente, rebozante de amabilidad, hospitalidad, humildad, generosidad... me faltan palabras para calificarla, es la parte más importante de este viaje,
Por otro lado, me llamó la atención una parte de su economía como los puestos de venta de todo lo imaginable: ropas, animales vivos, regalos, comida, objetos de lana, de cuero, de latón, de plata, velas, cuadros...

Con ello valorar la cantidad de personas que pueden contibuir al sustento familiar con sus pequeños puestitos, con el trabajo artesanal de la lana, el cuero, el latón, que a partir de estas materias primas ellos mismos la transforman en elementos de uso diario. Eso me recordaba y me entristecía pensando en la cantidad de puestos de trabajo perdidos a causa de la industria y su maquinaria en los países capitalistas.

Otro punto que me llamó mucho la atención fue el uso, todavía, del burro como medio de transporte para trasladar personas, para llevar objetos de un lado a otro, para trasportar alimentos, como las aceitunas despues de la recolección; la forma de preparar sus comidas y el cómo se organizan para comer todos del mismo plato, el compartir esa comida con los demás si es necesario...

Pero hay un detalle que sí me sorprendió enormemente: no usan papel higiénico en los baños.

Al final, todos estos detalles son los que le dan sentido a la vida, una vida más en contacto con la naturaleza en sí, una relación verdadera entre los componentes de la comunidad a la que pertenecen, muy distinta a la que vivimos en una gran ciudad, donde ni conocemos al vecino que vive al lado nuestro.

Con todo ello, lo que quiero destacar es que, introducirse en el mundo del voluntariado, poder vivir, sentir, oler, compartir, colaborar y gastar un periodo de nuestra vida con personas que no viven en un “estado de bienestar” como el nuestro bien merece la pena, como experiencia de vida, como crecimiento personal, para tomar conciencia que todos somos parte del mismo mundo y con nuestra aportación podemos conseguir un mundo mejor si nos lo proponemos.